19 de diciembre de 2009

PREVENIDOS PARA NO DESCONECTAR DEL MUNDO


"Oh Dios, podría estar encerrado en una
cáscara de nuez y considerarme el rey del

espacio infinito."

Hamlet, II, 2.



Cuando Carlos Argentino llama a Borges para llevarle a la vieja casa inveterada de la calle Garay con la intención de enseñarle el Aleph -uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos- no sospecha que esté representando una escena premonitoria. Después, mucho después, millones de seres se afanarán para enseñar a sus allegados el asombroso aleph que guardan en sus propias manos: su iPod.

Borges, tras ver aquel aleph, intenta describirnos su experiencia:

"En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo."

¿Cómo podría describir yo ahora la emoción con la que "mi Carlos Argentino" me muestra los mundos encerrados en su nuevo iPod?


Lo cierto es que la tecnología es admirable, nos aporta grandes avances y nos sitúa en nuevos espacios y que no tenemos más remedio que estar atentos para no perder de vista la perspectiva de donde estamos situados - el sentido del contexto- y de qué manera estamos conectados con el mundo.


Todo ello nos lo recuerda admirablemente Tom Wujec en TED a propósito de la descripción de una vieja tecnología: el astrolabio.


Con un Astrolabio, para algunos el primer ordenador personal de la historia, además de su uso más habitual que es el de determinar la posición de las estrellas lo que te permite saber es en que parte del mundo te encuentras, también se podía hacer muchas otras tareas. Servía para darte la hora exacta de día o de noche, se podían medir alturas de objetos a distancia (como por ejemplo una torre, un árbol o una casa), también la distancia que había entre dos puntos y resultaba imprescindible para solucionar una gran variedad de problemas de trigonometría simple, muy útiles para cualquier asunto relacionado con medidas. En total, dependiendo del modelo, podían realizar unas 350-400 funciones diferentes. Incluso se conoce uno que llegaba hasta las 1.000 utilidades.

Visto en HISTORIAS CON HISTORIA

4 comentarios:

Colorin dijo...

La tecnología que nos rodea es fantástica, pero Javier, a mí lo que me ha emocionado de esta entrada es la maravillosa fotografía de la mano y el mundo.

mariona. dijo...

yo tengo un iphone..... es un buen invento :) en este año y medio de convivencia me ha dado mucho..

Camino dijo...

A mi lo que me parece increíble es el astrolabio, el móvil pda lo tengo superado ;P, pero el astrolabio....me fascina. Me fascinan todas las historias de navegación, de descubrimientos, de búsqueda...de nuevos mundos, de mediciones que encierra.
A la humanidad sí que le ha dado mucho la trigonometría..
Magnífica entrada (como siempre) Javier!

Javier dijo...

Maravillarte, Colorín, es todo un inesperado lujo.
Cualquier tipo de Aleph, Mariona, es fantástico. Pero hemos de estar prevenidos porque la casa inveterada de la calle Garay fue derribada y con ella desapareció su aleph para dejarnos solos con el mundo cercano y real.
Tu evidente fascinación por el conocimiento, Camino, sólo es equiparable a tu seductora habilidad para la cortesía.
Muchas gracias.

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