15 de enero de 2010

EL AÑO DE UN PASTOR LLAMADO MIGUEL

Miguel Hernández, que el 30 de octubre de este año 2010 que ahora se inicia habría cumplido 100 años.


Nacido en Orihuela, el 30 de octubre de 1910, de una familia humilde, pasó su niñez encargándose del cuidado de un hato de cabras, de las que su padre era contratante. Su vida deriva, pues, de pastor a escritor y a víctima de los sucesos políticos que ensombrecieron la historia de España en los últimos años de la década del treinta. No murió asesinado como Lorca, sino víctima de una crisis galopante , pero poco antes, al terminar la guerra española había sido detenido, juzgado y condenado a muerte, aunque se le conmutó la pena capital por treinta años de prisión. Comenzó, entonces, a vivir “haciendo turismo” por diversas cárceles de España, como él decía jocosamente, hasta su muerte el 28 de marzo de 1942, cuando tenía 31 años de edad.

Mayte Martín - A Miguel Hernández

ANTES DEL ODIO

Beso soy, sombra con sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.

Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor!

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y no abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.

Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.
Esperanza, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.

3 comentarios:

Esther Bernabé dijo...

Preciosa entrada, Javier.
Ejemplo claro de opresión y pena para espíritus libres que no desfallecen ante las cadenas.
Gracias.

Lala dijo...

Miguel Hernández te cala hasta los huesos con cada verso suyo. Es grande, grande poeta, grande sentimiento, todo humano.
Habla de la libertad mejor que nadie, aunque sea paradójico por haber carecido de ella. O quizás por eso.
Es de mis preferidos y ese homenaje de Mayte Martín es precioso, precioso.
"no hay extensión más grande que mi herida"
Versos como ese, son todo un poema.
Y de esos, hay muchos en su maravillosa poesía.


Un besito


Lala

Javier dijo...

Necesitamos muchos de esos ejemplos Esther. Personas capaces de mantener la nobleza, la sensibilidad y el talento libres del envilecimiento propio de la injusticia y el sufrimiento.
Gracias a ti.

Comparto esa pasión tuya, Lala, por Miguel y por Mayte. Es una combinación de talento que me pone los pelos de punta. Qué suerte poder disfrutarlos.
Otro beso para ti.

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