27 de febrero de 2010

EXUBERANTE BELLEZA DE CAMILLE SAINT-SAËNS

Tuve la gran suerte de estar presente cuando Marie-Elisabeth Hecker accedió a interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta núm. 1, en la menor, opus 33 de Camille Saint-Saëns (1835 - 1921), bajo la dirección de Sylvain Cambreling.

Muchos compositores, incluyendo a Shostakovich y Rachmaninov, consideraron a este concierto como el más grande de todos los conciertos para violonchelo. Camille Saint-Saëns rompió con lo convencional al escribirlo, en lugar de utilizar la forma de tres movimientos, que normalmente se utiliza, estructuró la pieza en un movimiento continuo. Camille compuso este concierto en 1872, cuando tenía la edad de 37 años. Escribió esta obra para el violonchelista belga Auguste Tolbeque. El concierto fue estrenado el 19 de enero de 1873 en el Conservatorio con Tolbeque como solista.

Marie-Elisabeth nació el 5 de marzo de 1987 en Zwickau, una ciudad del norte de Alemania. Desde mayo de 2006, es una miembro de élite de la escuela de cuerda Kronberg Academy (Kronberg in Taunus, Germany). Toca un chelo Italian Bajoni de 1864 cedido por el the Lösch Inherited Community.

He de confesar, desde mi inexistente autoridad musical, que se apreció en la excelente interpretación de Marie-Elisabeth sus casi 23 años de juventud, puede que propiciada por un Sylvain Cambreling empeñado en una dirección muy poco convincente.

Este es un recuerdo de la belleza exuberante de esta obra de Saint-Saëns, que en manos del irrepetible MSTISLAV ROSTROPOVICH hace más llevadera la deficiente calidad de su sonido.

3 comentarios:

Lala dijo...

Me encanta el violonchelo. Tengo una compañera violonchelista que es un crack! Es tan bonito!
La música es maravillosa. No entiendo cómo en España no se valora la música como merece.
Casi nadie conoce la música clásica. Es como si esa música estuviera excluida, no sé por qué, de la vida cotidiana. La música no puede ser elitista, la música es para todos, es universal!!!
En fin...


Un besito


Lala

Jezabel dijo...

El violonchelo es precioso pero tan triste que hay que tener cuidado de en qué momento se escucha, puede aplastar el dá en tiempo record, o no.
Beso

Javier dijo...

También es un instrumento que me apasiona. Debe ser una cuestión de educación y sensibilidad, como al que no le gusta el jamón serrano con copita de rioja. ;)
Gracias, Lala.


Tienes razón Jezabel. El violonchelo, también el violín, puede llegar a tocar la fibra más vulnerable y frágil de nuestra emotividad. Todo un placer.
Gracias por tu visita y tu amable comentario.

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