7 de enero de 2011

CONFRONTACIONES INVISIBLES o PROHIBIDO MIRAR


“Los gobiernos occidentales reservan la catalogación de terrorista para los actos de violencia indiscriminada realizados por activistas que no actúan encuadrados en una organización estatal, y se niegan a reconocer la existencia de terrorismo de Estado. Se aprovechan del hecho de que el terrorismo a secas no pretende esconderse —al contrario, se esfuerza al máximo para que la sociedad se entere de su existencia—, en tanto que el terrorismo de Estado hace todo lo posible por volverse “invisible”, porque es tanto más eficaz cuanto más desapercibido pasa.”






 






“De uniforme, en primera línea de batalla, allí donde la evidencia de la propia sangre hace del terror una percepción casi gustativa, el estruendo del silencio llega a ser tan ensordecedor como el mayor de los estallidos y, aun sin espacio para pensar serenamente, un “porqué” recurrente acompaña cada instante como la más tenue de las confidencias. En este escenario de viva muerte sólo el poder matar te distrae del poder morir.



Al mismo tiempo, en el otro extremo, al otro lado de la distancia, allí donde apenas llega el rumor de alguna sombra de alguna violencia, en el corazón de una primaveral estancia, un buen hombre saborea su cigarrillo mientras lee filosofía griega. De vez en cuando levanta la mirada y exhala el humo de reojo mientras suspira con resignación ante los titulares de la prensa abandonados a su desidia y doblados sobre una displicente mesa de escritorio.




Hasta aquí podría haberse resumido el espacio que abarca la conciencia del hombre ante la guerra, un horizonte lineal y rígido lleno de tantos puntos intermedios como seres humanos puedan caber en la distancia que los separa. O al menos así fue hasta ahora.

Porque en la dinámica de la lógica mortal moderna de hoy en día la primera línea de fuego puede situarse súbitamente en cualquier espacio del universo humano adonde el francotirador tenga acceso. Disfrazado con su uniforme de camuflaje urbano, protegido por la invisibilidad de la cotidiana rutina del ir y venir, el instrumento del horror puede asaltar cualquier trinchera doméstica donde habite la indiferencia más obstinada. De manera similar, en otros casos, será un avión no tripulado, una carta, una paloma mensajera del horror, quien pueda despertar en un instante inverosímil, con su inesperado designio, el estruendo de la pesadilla más atroz jamás soñada.




Hoy estamos, querido lector, queramos o no, inmersos en la primera línea de este invisible frente, incluso cuando estamos absolutamente convencidos de que el espacio que habitamos es el de la paz más férrea. Más aún, los hilos que marcan la logística de los planes de batalla consideran otras armas bien distintas a las de la muerte a la que sirven y que resultan ser mucho más insidiosas. Son la información, la desinformación, las luchas de opinión, la necesidad de contar con las voluntades del que habla, del que vota, del que paga, para estructurar las treguas, mantener las escaramuzas, ocultar las intenciones o declarar los límites válidos en cada refriega.





Un soldado puede disparar al enemigo sin mirarle a la cara, como forma de exorcizar el pánico; cualquier ciudadano puede dar la espalda a la información más reveladora. Ese mismo soldado, aterrado ante un miedo indefenso e inexistente -un niño de grandes ojos sucios escondido entre brazos protectores- puede abrir fuego como instintiva forma de escapar a la realidad ficticia de un instante hostil; usted o yo podemos hacer lo mismo, dejarnos engañar por quien da las órdenes, por quien mantiene la seguridad o quien reparte el alimento en nuestro bando, o seguir sus pasos por temor a ser blanco de alguna mirilla delatora.




Hay por último, en medio de este océano de estratégicas intenciones, algunos invisibles efectos colaterales dignos de ser nombrados. Me refiero en particular al naufragio de aquellos ignorantes que navegan a la deriva en busca de un futuro posible sobre una muerte probable. Los que no interesan a ningún bando, los sin patria, los analfabetos de todo, los que no tienen nada que perder salvo su azaroso e insignificante presente.”















“En la ciudad iraquí de Faluya aumentó drásticamente la cantidad de recién nacidos con malformaciones –once veces mayores que el promedio mundial- debido supuestamente a las municiones usadas por las fuerzas de ocupación estadounidense en 2004, informó el diario británico The Guardian: “Estamos ante una epidemia de niños con deformaciones”

 



















"Miles de personas mueren cada año en su intento por llegar a la UE…"















"En las últimas semanas el número de niños palestinos detenidos ha aumentado de manera espectacular. Las estadísticas de las organizaciones palestinas e israelíes muestran que en un momento dado la prisión de Ofer albergaba una población de al menos 300 menores."
















El asesinato de 800.000 personas en Ruanda se presentó como un genocidio por cuestiones étnicas. Como muchas otras guerras, se trataba más bien de controlar materias primas de las que depende nuestro “modelo de desarrollo




12 comentarios:

Cesar dijo...

Usted quiere que regurgitemos el turrón reciente aún, D. Javier. Hace falta gente que piense en alto, para que podamos unirnos a su pensamiento y fortalecerlo y que nos fortalezca contra los poderes.
No sé cómo hacerlo contra el poder económico, no osbstante.

Neogeminis dijo...

El terrorismo de Estado lo hemos vivido en Argentina en carne propia y aún sufrimos las secuelas.
En cuanto al contenido del otro texto, me quedo meditando sobre nuestras sociedades y las consecuencias de vivir entre las urgencias y las presiones que no manejamos.


Un abrazo!

J. Rogelio Rodríguez dijo...

El estado. Ese ente protector (supuestamente) que monopoliza el uso de la violencia. Nosotros le cedemos ese monopolio por el pacto que aseguran las constituciones...

La razón liberó al individuo de la superstición (al parecer). La razón instaurada como modo de gobierno creó y sigue crando monstruos eliminacinistas, genocidas... y no necesita dormir ni soñar para ello.

El siglo XX, el siglo por antonomasia de la razón de estado que "libera al individuo" de su ignorancia, de sus penurias, de su pobleza es el siglo del estado. De esa forma de poder hacia la que obligatoriamente cedemos cada día más terrenos de nuestra libertad individual.

El siglo XX, el siglo de la razón, el siglo de la fraternidad humana, de las formas de gobiernos racionalizadas... el siglo de los genocidios como nunca jamás se ha conocido en la historia de la humanidad.

Un cordial saludo, F. Javier y Feliz 2011.

Jezabel dijo...

No sabes cómo admiro y envidio esta capacidad para expresar tus pensamientos a contracorriente desde esa serenidad tan tuya. Bueno, ahora sí lo sabes jejejej. Buenísimo
Besis

L.N.J. dijo...

Ayer viernes estuve leyendo un artículo muy largo de "Los niños invisibles", justo antes de entrar en el médico. Si estaba un poco mal, peor me puse con esas imágenes e historias de otro mundo. Porque en realidad parecía que vivía en otro mundo y no porque no tenga conciencia de lo que pasa, sino porque a veces formo parte de la miseria humana, esa que sólo a veces me deja atrapada en mi vida, como si otras no existieran.

Besos.

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


COMPARTIENDO ILUSION
F.JAVIER

CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...




ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

Matices dijo...

¿Conciencia solidaria?. Cierto es, que el no estar atento, a las noticias que acontecen a nuestro alrededor no nos eximen de una lucha o rebelión interna.
Gracias por tu matíz

Nieves

mi nombre es alma dijo...

Sinceramente hoy no sabría que comentarte, quizás asentir asustada ante tanta barbarie visible o escondida, o ponerme a dormir narcotizada.

BEATRIZ dijo...

La desinformación o manipulación de los hechos puede ser terrible, creo que es una forma de enloquecer sociedades, y lo peor es que como dice Saramago, nos vamos acostumbrando a una forma retorcida de ver la vida.
Ciertamente da pena sentarse a ver los noticieros y los informes de gobierno, una pérdida de tiempo.
Querido Javier, no sé que podriamos hacer para cambiar el curso de la violencia crónica en nuestro presente.
Un abrazo.

40añera dijo...

Es como si nos inocularan un virus que nos convierte en insensibles, sordos, ciegos y mudos ante las atrocidades que en el mundo se cometen.
Me alegra saber que siempre hay alguien que nos zarandee y despierte nuestras conciencias

Besos ya he vuelto y no faltaré mucho por aquí amigo

Eva Magallanes dijo...

¡Que post Javier! como para ponerse a llorar, a temblar, a despotricar y a transformarse una misma en francotirador. Es tal como lo dices, lo sabemos y seguimos viviendo nuestro insignificante día a día en el frente de una guerra encubierta y sucia. Escribes muy bien Javier, da gusto leerte.
Gracias, gracias, gracias por estar cerca de mi... hace unas horas La Cala ha resucitado!
Todo mi cariño para ti!

Doña Bostezos dijo...

No hay nada peor que cerrar los ojos para evitar que lo malo te llegue...
Lo malo..lo peor ya está a la vuelta de la esquina..
Queramoslo aceptar o no, todos estamos en la mira y a merced de un botón.

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