26 de diciembre de 2009

REPARTO DEL "BOTÍN AFECTIVO"

Sobre este tema se amontonan opiniones frontalmente encontradas y cientos de folios cargados de análisis de toda índole. Hoy vuelve a estar de actualidad y, como por desgracia no soy ajeno a él, me atrevo a dar mi humilde opinión.

En principio, coincido con los que opinan que la ruptura de pareja representa en la mayoría de las ocasiones un cataclismo en lo personal, lo económico y lo social.

Personal porque conlleva una ruptura del propio proyecto de vida en el que, casi siempre, se han puesto todas las ilusiones y expectativas de futuro. Porque se vive como un fracaso íntimo de gran calado, con consecuencias emocionales muy traumáticas, pérdida de la autoestima, hipertrofia del sentimiento de culpa, etc. Porque se remueven emociones muy primarias, muchas veces insospechadas en nosotros mismos, que ponen a prueba nuestra categoría moral y humana. Porque suele materializarse tras un largo y penoso período de tiempo en el que hemos ido perdiendo casi inconscientemente, junto con nuestros afectos, capacidades esenciales para el equilibrio, la tolerancia y la sensatez. Porque todo ello nos sitúa en el centro de una injusticia que nadie podrá comprender, restituir o valorar adecuadamente y que parece justificar cualquier priorización de los planteamientos o intereses personales.

Evidentemente económico porque casi todo se mueve y mide por el dinero. Si será este un elemento relevante que en mi opinión es un motivo frecuente para mantener formalmente la apariencia de pareja a pesar del fracaso en la relación. Lo cierto es que, fuera del ámbito estrictamente personal, la gestión del patrimonio económico y emocional es el segundo campo de batalla donde se ponen a prueba las calidades y cualidades personales. No sólo hay que asegurar el mantenimiento de un nivel y calidad de vida, hay que conseguir mantener aquello que podríamos considerar "botín afectivo" de supervivencia. Ello justifica toda una estrategia de conducta encaminada a salvaguardar y defender intereses puramente individuales que van mucho más allá de lo estrictamente económico.

La dimensión social no es menos importante. La sociedad corroboró la validez de la unión y ella debe ahora hacer lo mismo con la ruptura. Compromisos que exigen una importante aportación social que no exime de otros impuestos. Ello genera gastos económicos y un flujo de afectos, emociones e intereses de aquellos que acompañaron a la pareja en su proyecto y que ahora deben de optar por reposicionarse. No olvidemos también la valoración social del acontecimiento y de sus circunstancias personales, pues la sociedad juzga y castiga obedeciendo a criterios propios, ajenos a otra verdad que no sea la suya propia. Los poderes legislativo y judicial son en muchos casos fiel reflejo de todo ello.

Todo esto, junto con otro mucho que me callo, viene como preámbulo a un comentario de Pedro J.M., en Zona20, titulado “Hay que establecer la custodia compartida por defecto”, con el que estoy básicamente de acuerdo y que os muestro para someterlo a vuestra variopinta consideración.


"La Ley del divorcio permite la custodia compartida en caso de acuerdo en la pareja. Sin embargo basta con acudir a las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística para comprobar que en el 2008 -al igual que en años anteriores- tal hecho sólo se produjo en el 10% de los casos (5.716 casos). En el resto la custodia fue concedida en un 86% a las mujeres (50.800 casos) y sólo en un 4% a los hombres (2.444 casos).

Detrás de la frialdad de estos datos se encuentran además muchas veces auténticos dramas personales ya que el que obtiene la custodia permanece en el hogar conyugal viéndose el otro cónyuge obligado a abandonar la casa, a buscar y pagar otro domicilio, a abonar la hipoteca, pago de la correspondiente pensión.

Hechos que en numerosas ocasiones le dejan con muy escasos medios para subsistir y le privan -por falta de un acuerdo del que los hijos no tienen culpa- del mismo contacto con ellos al que el otro cónyuge tiene derecho. No deja de ser paradójico que la justificación de esta situación por parte de numerosos colectivos feministas sea la misma que durante años ha impedido injustamente a la mujer acceder a instituciones como el ejército, la universidad o la política.

Mientras haya un solo hombre que sea privado de la custodia compartida por la supuesta menor pertinencia de uno de los sexos para cuidar a los hijos se estará cometiendo la misma injusticia que ha privado a la sociedad de una adecuada participación de la mujer en muchos de los sectores de la sociedad. Y ante esto sólo cabe preguntar por qué no se modifica una ley que tanta injusticia está trayendo. ¿Por qué no se establece si no hay acuerdo ni una causa de incapacitación judicial la custodia compartida por defecto?. ¿De qué se tiene miedo? Máxime cuando según las encuestas más del 83% de la población española lo considera injusto."

3 comentarios:

Berni dijo...

Estoy totalmente de acuerdo en la custodia compartida.
En este país divorciarse supone una clara desventaja para en miembro masculino de la antigua pareja, desventaja en muchos sentidos.
Tienen que valorarse muchos temas que se dejan al márgen.
De cualquier manera es un fracaso absoluto para ambos miembros, por muchas cosas que tú has explicado bien. Habiendo hijos de por medio, la cosa se complica mucho más.
Ánimo, Javier.
Un entrañable abrazo.

Camino dijo...

Siempre que he vsto casos de divorcios me quedo con la misma sensación de injusticia que relatas. Además de pequeña siempre pensaba, por qué mis padres no se separan si no se quieren y vivimos todos más tranquilos?
En fin, una ruptura no significa un fracaso, es una nueva oportunidad.
Un abrazo Javier!

Javier dijo...

En cualquier de los casos, lo que me parece evidente es que habría que sacar este asunto de cualquier tipo de ring y llevarlo a un espacio más propicio para la sensatez.
Nuestros hijos lo necesitan más que nosotros.
Muchas gracias.

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