5 de marzo de 2010

HARLEM, CRÓNICA DE UN INSTANTE



"Déjame decirte, antes que nada, que esto que te narro no es su historia. Tampoco hay en estas torpes palabras intención alguna, ningún propósito premeditado. Es, simplemente, una tímida y escueta crónica, la de aquel instante que cambió la vida de Rebeca y, si acaso, un inocente pretexto para echarnos unas palabras.

Es una cuestión de proporciones no resueltas. Aparentemente insignificante, un pequeño papel de color blanco, doblado de mala manera, apenas apoyado en el parabrisas, puede ser en realidad el preludio de una nueva vida. Si un terremoto modifica la inclinación de la tierra y un átomo incluye todo un universo, porqué no aceptar que el mundo pueda estar contenido en un trozo de papel.

Rebeca se acercó aquella mañana a su coche y lo cogió. Lo leyó. Y a partir de ese instante la vida ya nunca fue la misma.

Era una joven ingenua, una mujer entre tantas, y nada la hacía suponer merecedora de tal misiva. Para ella la vida transcurría como una primavera continua. Unos ojos claros y expresivos de esos que invitan a la ternura, manos enjutas de largos y frágiles dedos, un carácter afable, amigable y sonriente, un trabajo humilde, ningún enemigo.

Rebeca no tenía enemigos. Todo lo contrario.

Me pregunto qué será antes en tan trascendentes instantes. Tras la emoción, surgirá primero el reconocimiento consciente de la misma o aquella respuesta corporal que provoca. Aunque puede que ambas cosas sean realmente la misma. Lo cierto es que antes de que Rebeca fuera consciente de emoción alguna, en ese momento previo al instante, una ráfaga de frío intenso que había surgido de la planta de sus pies ya había llegado hasta su nuca tras recorrer su espalda y el temblor en los dedos de su mano le hacía imposible volver a leer con claridad aquel mensaje. Pura corporeidad. El miedo le sobrecoge y deja de ser así sólo una amenaza externa, no es ya Rebeca quien sujeta el papel, es este quien le atenaza a ella.

Nunca pensé que con sólo tres palabras se pudiera mostrar tanta maldad, que esas tres palabras mayúsculas pudieran encerar semejante poder.

¡Cuánta crueldad en esta inevitable cascada canalla! Sinceramente, yo prefiero aquellos acontecimientos en la vida que implican alternativas, exigen decisiones, caminos, variables y ponen a prueba tu albedrío. Porque estos otros, como los de este fatal instante, que generan respuestas automáticas, involuntarias, como la del bostezo ante el bostezo, te dejan indefenso y a merced de una inercia de consecuencias imprevisibles. Primero, se mira irremediablemente dentro de uno mismo en busca de la respuesta al ¿quién? y rápidamente, sin tiempo para evitarlo, ello te lleva ineludiblemente al ¿por qué? Y la necesidad de coherencia te conduce a buscar el origen de tal culpa, la que lo justifique, y sin ser uno merecedor ya se sitúa en la posibilidad de serlo. Hacerte pisar tan inhóspitos pantanos, contaminarte de tan ajenos demonios, considerar esa posibilidad, ahí está la auténtica crueldad, la verdadera vileza de este mensaje.

Y todo ello antes de que la razón asome, en ese instante previo donde se mezclan el gélido frío y la culpa insospechada, la desnudez vulnerable y la confusión inmóvil. Y la sensación de estar siendo observada. Una pregunta surge tímidamente como un contraluz, ¿será una broma? Y ello añade un matiz previo al análisis, el del brillo que aparece en la oscuridad, el de la extrañeza que acompaña al absurdo, la que nos tiñe de irrealidad y confusión.

Por fin, ahora Rebeca se mueve. En mayúsculas, “HOY TE MATARÉ”, tan sólo un instante. Un instante eterno. Lo que sigue ya lo conoces."

Crónicas de un instante (fragmento)

S. HAFFEEN

2 comentarios:

Lala dijo...

Ufff...helada me ha dejado antes al leerlo!
En estos tiempos que corren, todo es posible, incluso eso.
:(



Un beso


Lala

Javier dijo...

Me temo Lala que posiblemente sólo se trate de una provocación disfrazada de provocación. Nada que deba inquietarte.
Gracias por tus comentarios.
Y un saludo.

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