19 de agosto de 2012

CRÓNICA DE ARENA ESTIVAL


"Nada de esto habría tenido importancia 
de no haber causado tanto dolor
 a tanto inocente durante tanto tiempo.
 Y si los culpables no estuvieran celebrando su infamia.
 Irremediablemente aún."





Ella lo leyó mientras me dormía: "Es más fácil enterrar al futuro que al pasado y es mejor ser herido por una verdad que consolado por una mentira". Creo que estos recuerdos me abordan ahora porque mi subconsciente quiere jugar conmigo. Sin embargo lo que de verdad necesito urgentemente es una mentira que me anime a no ceder ante este océano.

Le consolaba la certeza de que hasta entonces el futuro siempre le hubiera esperado. Mientras, achicaba y remaba sin poder cerrar la vía de agua. Sus pensamientos se confundían con el sonido de un mar que ahogaba a las palabras.

He perdido la noción del tiempo y no estoy seguro de ir en la dirección correcta. Noto la amenaza de un inminente cansancio y cómo el temor me resta eficacia en el esfuerzo. Tengo que controlar mi mente, sé que es vital no desfallecer. 

"Llegaré a un dique seco", se decía, "y repararé el casco y volveré con ella"; la imaginaba preguntándole por el motivo de su tardanza y él contándole y ella abrazándole emocionada para enjugar el miedo de haber podido perderle. Triste desperdicio el de aquel abrazo. 

¡Ya voy! Le grito porque quiero ver su imagen en el horizonte y diluir así la tentación del desánimo en el deseo. Casi puedo notar su cálida ternura y aguanto valiente un gesto de entereza como si me estuviera mirando. El mar está tranquilo, me repito, es aún temprano y la costa no debe de andar muy lejos. 

El sudor resbalaba por su frente hasta caer desde la punta de la nariz fundiéndose con el mar que iba ganando espacio dentro de la embarcación. Al sentirlo en sus labios se entretuvo mentalmente apuntando un pensamiento para elaborarlo más tarde y, al hacerlo, la idea de un después le sorprendió gratamente: "a fin de cuentas", reparó, "este sudor es tan salado como el agua misma donde se pierde, un recorrido verosímil, un reencuentro esperado, un círculo que se cierra, quizá un presagio". Pero ni en aquel instante pudo sospechar que un después pudiera volverse tan amargo como un océano de negros presagios.

En cualquier momento asomará la costa, casi sin darme cuenta, y ya todo será más fácil. Remo en medio de esta dolorosa soledad sin otra compañía que algunas nubes y apenas avanzo porque me entretiene sacar el agua que entra irremediablemente. Ella me lo había advertido y no quise escucharla. Ahora el recuerdo de su voz me sabe a sed. Sobrevivir es una palabra que me pesa, que no necesito, la situación se arreglará en cualquier momento y podré olvidar todo esto, olvidar de nuevo.

El nivel subía rápidamente en cuanto el esfuerzo cedía lo más mínimo y el cansancio se revelaba involuntariamente en su piel como el escozor de una soga que fuera cerrándose lentamente alrededor del cuello. Podía masticar esa percepción. Aunque la insoportable sed le advirtiera sobre la necesidad de concluir con el esfuerzo, aunque el cansancio creciente transformara en insignificante a la angustia, él no estaba dispuesto a ceder. Ciego náufrago perdido en un desierto de agua.

Un espejismo o una alucinación, quizá una pesadilla, veo temblar sobre las olas las raíces de los manglares de Oaxaca y las blancas arenas de Kuredu. El movimiento de mis brazos se va haciendo más pesado, como arena de granos cada vez más grandes. Inútil esfuerzo de sílice. Algún día la playa donde duermen todos los movimientos recibirán también los míos y se mezclarán para hacerse uno solo, allí aguardaran al dios que se encarga de la matemática de cada uno y desentraña su secreta geometría. Entonces podrás ver, cariño, el prisma perfecto de mi torpe estupidez.

En aquel momento, cuando se percató de que la palabra dios se había colado en su discurso, comprendió que no quedaba margen a la esperanza. Como una señal.
Y se entregó.










"Las arenas de todas las playas son testigos mudos de la lucha por sobrevivir. 
Algún día alguien sabrá leer en sus granos de sílice las historias que encierran 
y dispondremos de suficiente tiempo y serenidad como para escucharlas. 
Presupongo incontables náufragos, como innumerables naufragios. 
Incluido el mío.
Sobrevivir puede haber sido la consigna común. 
Pero el precio, a veces, no habrá merecido la pena. 
Presiento cuándo."






8 comentarios:

Laura Uve dijo...

El primer vídeo es bellisimo.
El segundo tiene otro tipo de belleza y su música es espléndida.

El texto genera angustia... supongo que es lo que pretendes.

Saludos.

40añera dijo...

Tal vez tu ya hayas comenzado a leer alguno de esos granos amigo. A mi me parece que si alguien puede ese sin duda eres tu

Me ha encantado el texto y como siempre tu gusto a la hora de ilustrar es fantástico
Un besote

Realidad y Ficción dijo...

No se puede huir de uno mismo, parece. La vida es naufragar aunque aprendamos a remar en la zozobra. Nuestras orillas se construyen de naufragios, los pasados y los por vivir... ¿será mejor permanecer en el océano, siendo en sus propios movimientos, elevándonos en el oleaje, sucumbiendo en los abismos, atisbando playas, muriendo y viviendo en sus mareas?

Bueno, ya ves, tiendo a leer desde lo "existencial", aunque aquí también me parece sobrevive un relato "más concreto", literalmente la huida de un sitio ante la promesa de otro sitio mejor, a costa de un viaje que no llega a destino y que provoca un viaje interior hacia la Muerte.

Que lástima!, no pude ver los videos, intenté varias veces pero me envía mensajes de error, intentaré nuevamente en un rato más.

Mis abrazos!

BEATRIZ dijo...

Cielos! me faltó la respiración por momentos...por la tensión que genera el texto.

No creo en circulos cerrados, prefiero no cerrarlos...pero sé que tarde o temprano, a pesar de nuestras resistencias humanas, llega el momento de la entrega...y ese pensamiento aunque lejano consigue aliviarme un poco.

Saludos FJavier. Esplendido post.

Anónimo dijo...

Si, muchas veces hemos naufragado y seguiremos naufragando, e intentaremos encontrar el sosiego en alguna playa cerca de la arena. Arena que contaríamos si fuera necesario, por él… por ella…, sobreviviendo de la nada y sin nada, mirando al horizonte de nuestra vida, para tratar de vislumbrar nuestro futuro, anhelando que en él todo será mas fácil, aunque haya que volver a naufragar para empezar de nuevo, sin que nos falte un ápice de ilusión y sin dejarnos llevar por la nostalgia. Es usted único Javier. Un abrazo.
María de la Cal.

Cesar dijo...

Arena somos, aunque arena tamizada.
Espero que hayas tenido unas vacaciones descansadas y unos buenos vídeos que traernos.

Jezabel dijo...

Hola Javier, el texto es tuyo? Porque me paseo arriba y abajo buscando autoría para hacerme con el resto y seguir leyendo, de pronto me paro: "joder, es suyo?", sé que eres muy inteligente, sensible y escribes genial pero tronco, ya perdonarás, este texto es abrumadoramente excepcional, late, respira, se mueve, está vivo. Asombrada e impresionada, te dejo un beso. Ojú.

E. C. Pedro dijo...

Qué imagen más bella y más ominosa la de la arena que se forma, deforma, eleva, cae... El segundo podría titularse "Gente bajando un planeta": hermoso homenaje a Duchamp...

Muchos saludos.

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