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15 de diciembre de 2009

ANALGESIA DEL PARTO, PERCEPCIÓN Y REALIDAD

Dentro de todos los procesos de cambio en los que estamos inmersos hay uno que me atañe especialmente. Me estoy refiriendo de nuevo al de la manera en la que nos enfrentamos al control del dolor en el parto, uno de los asuntos con mayor y más auténtica carga de género que conozco. La cuestión es que, sea por el motivo que sea, hay un movimiento social cada vez más importante que nos reclama otra manera de hacer las cosas menos medicalizada pero igual de eficaz que la analgesia epidural. Bañeras, balones, partos domiciliarios, analgesia que permita el paseo, etc.
Lo curioso de este asunto es que, en mi opinión, esta inquietud parece obedecer más a una necesidad dependiente de la percepción que de la realidad misma. De hecho, la mayoria de los profesionales que nos dedicamos a ello dudamos de la eficacia de las alternativas que se plantean, cuestionamos su seguridad y reconocemos que además implican una mayor asignación de recursos.
En este contexto, me ha parecido interesante, además de divertida, la conferencia del publicista Rory Sutherland en TED. Este hombre afirma que “los ingenieros, médicos y científicos tienen una obsesión por resolver problemas de la realidad cuando la mayoría de los problemas, una vez que se alcanza un nivel básico de riqueza en la sociedad, son en realidad problemas de percepción”, y creo que en muchos casos no le falta razón.
Es posible que en este tema al que hago referencia el verdadero problema y su más eficaz solución se encuentre en el ámbito de la percepción que la sociedad tiene y no en el de la realidad que por fortuna disfruta. (Seleccionar subtítulos)


"Estamos condenados al deseo de maravillarnos, no al deseo de maravillas".
G.K. Chessterton

22 de noviembre de 2009

ANALGESIA EPIDURAL Y PARTO NO MEDICALIZADO

De nuevo vuelve a la actualidad el tema de la analgesia epidural para el parto. Esta vez a través de una magnífica charla que dio Maribel, una compañera anestesióloga, al servicio de neonatología del hospital y que terminó en un interesantísimo debate sobre la conveniencia o no de utilizar otras técnicas alternativas para controlar el dolor del parto. Hace unos días tuve la ocasión de participar vía internet en otra acalorada discusión sobre el mismo tema.

Lo que quiero ahora no es entrar en los detalles técnicos del asunto, ni hacer ningún tipo de análisis sobre sus ventajas e inconvenientes. Existen varias posibles alternativas que cuentan con sus respectivos defensores y detractores, indicaciones y contraindicaciones, y, cómo no, opiniones para todos los gustos. Yo también tengo la mía.

El motivo de retomarlo ahora es compartir una impresión personal fruto de todos estos encuentros y que creo podría aportar un granito de arena al planteamiento del debate. Y quizá brindar algo de información útil a algunos futuros padres.

Es indudable que estamos viviendo una “moda”, cada vez más extendida, que aboga por otros sistemas más “naturales” para el control del dolor del parto que el que parece ofrecer la analgesia epidural. Y para ello se argumentan múltiples cuestiones relacionadas con la propia técnica y sus efectos indeseables en un marco argumental que incluye la mayoría de las veces, sin solución de continuidad, otros muchos problemas independientes de la técnica en sí y más relacionados con la evolución del propio parto y sus inherentes posibles complicaciones. Al mismo tiempo, se alaban con cierta desmesura las supuestas bondades de otros sistemas mucho menos eficaces en el control del dolor. Pues bien, mi impresión es que esta moda obedece a una reacción ante la situación actual que los padres viven generalmente en los paritorios y lo que realmente se esconde tras esta discusión es el legítimo deseo de que el necesario y anhelado control del dolor del parto no represente una renuncia a vivir la experiencia de la maternidad sin tanta “intromisión” médica. Yo creo, por tanto, que esta huída del llamado “parto medicalizado” busca en realidad una experiencia mucho más natural, “ecológica”, en la que se recupere el protagonismo perdido en la mayoría de los centros hospitalarios a favor del personal sanitario más que en una auténtica condena a la técnica epidural propiamente dicha.

En mi humilde opinión la única técnica realmente eficaz para el control del dolor del parto es la analgesia epidural. La mayoría de los inconvenientes que se le achacan son más atribuibles a su aplicación y posterior control que a la técnica en sí; además permite un margen de seguridad para la madre y el feto, y para la actuación de emergencia ante las posibles complicaciones que con tanta frecuencia se presentan, mucho más amplio que con cualquier otra alternativa.

Conseguir recuperar para los padres el ambiente y el protagonismo que les corresponde para hacer del acontecimiento del parto una experiencia de dimensión personal e íntima, similar a la que se experimentaría al realizarla en su propio domicilio, no está reñido con la técnica epidural, depende de crear unas unidades y servicios con suficientes medios materiales y humanos, donde se disponga de la tranquilidad y el tiempo necesarios para no tener que modificar innecesariamente un proceso que lleva su tiempo y que exige mucho trabajo en equipo, buenas dosis de paciencia, estrecho control y cuidado y un trato más confortable y cercano.

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