Con el reflujo del océano de la vida
" (...) Mientras recorro las playas que no conozco
mientras escucho la endecha
las voces de los hombres y mujeres náufragos
mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian
mientras el océano, tan misterioso
se aproxima a mi cada vez más
yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca
un puñado de arena y hojas muertas
y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.
Oh! desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo
oprimido por el peso de mi mismo
pues me he atrevido a abrir la boca
sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos ecos oigo
jamás he sospechado qué o quién soy
a no ser que, ante todos mis arrogantes poemas
mi yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado
señero, apartado, escarneciéndome con señas y reverencias burlonamente amables
con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito
indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que asiento mis pies.
Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño
y qué ningún hombre puede comprenderlo.
La naturaleza está aquí a la vista del mar
aprovechándose de mí para golpearme y para herirme
porque me he atrevido a abrir la boca para cantar.
"
La sociedad de los economistas muertos.
- Señores, abran el libro por la página 21 de la introducción. Señor Perry, ¿quiere leer el párrafo inicial del prólogo, titulado “Entender la economía”?
(…)
- ¡Señor Perry, arranque la página de la prima de riesgo y el índice bursátil!
- Quiero que todos arranquen esa página. Adelante, arranquen la página entera. Ya me han oído, arránquenla. ¡Arránquenla! ¡Vamos, arránquenla!
(…)
- No usamos los números y la economía para obtener beneficios y riquezas que alimenten la ambición esclavizando al hombre, usamos los números y la economía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana necesita vivir dignamente. La pasión y los sentimientos son necesarios para sentirse vivo. Pero la economía tiene que servir a la equidad en el reparto de los recursos para permitir que todos los hombres vivan con dignidad.
- Citando a Whitman: ¡Oh, mi yo!, ¡oh, vida!, de sus preguntas que vuelven, del desfile interminable de los avaros, de las ciudades llenas de egoístas. ¿Qué de bueno hay en estas cosas, oh, mi yo, mi vida? Respuesta: Que tú estás aquí, que existe la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un gesto. Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un gesto… ¿Cuál será tu gesto?
"



