"Maté a mi padre
aquella noche
o aquel día
ya no lo sé,
huyendo con una sola maleta
que llené de sueños sin memoria,
y una fotografía
mía con él
de cuando era pequeña
y me llevaba en brazos.
Enterré a mi padre
en una hermosa caracola
en un profundo océano,
pero me encontró
escondida bajo la cama
temblando de miedo
y de soledad."
(Cereza roja sobre losas blancas)
En el puente otoñal quedé varado junto a mi hija en un aeropuerto repleto de resignadas desesperanzas. La nuestra no fue la peor, sin duda. Y mientras se tejía ese invisible entramado de confusas fuerzas civiles y militares que conocéis, indiferentes a otros intereses que no fueran los suyos, mirábamos incrédulos cómo el reloj nos alejaba con cada movimiento de aquel inconcluso proyecto condenado a la espera en el fondo de un océano sin prisa.
Mi memoria no se resigna a prescindir de todo aquello ahora, por eso os acerco algunas imágenes dignas de ese sueño.
