Es lo que quiero reflejar aquí en esta ocasión, en respuesta hoy a la aportación de E. C. Pedro y Mario, haciéndome eco de dos magníficos referentes que me señalan en lo relativo a una valiente manera de denunciar las injusticias, huyendo de la adulación y la complacencia. Uno es mediante el arte (Otto Dix) y el otro mediante la palabra (Sir Gerald Kauman). Mi gratitud.
Otto Dix (Alemania; Untermhaus, 1891 – Singen, 1969), pintor y grabador, se formó en Dusseldorf y Dresde. Fue un cronista mordaz de la sociedad de su tiempo y con deliberado feísmo y violencia denunció y criticó lo peor de la época, en particular lo relativo a la brutalidad de la I Guerra Mundial. Líder del movimiento “Nueva Objetividad” expresó su repulsa a la injusticia social a través de obras donde refleja con especial crudeza esa realidad repelente de posguerra. Ello originó que en Berlín, entre 1933 y 1945, se le prohibiera ejercer su profesión por ser considerado el creador del “Arte Degenerado”, desmoralizar al ejército y degradar a la mujer alemana. Algunas de sus obras fueron destruidas por los nazis. Su reconocimiento como artista universal no se produjo hasta 1955.


















