30 de octubre de 2014
PUERTAS Y ESPACIOS
26 de marzo de 2012
APENAS CUASI-INDICIOS
"La cantidad de mundos
que con los ojos abres,
CANCIONERO Y ROMANCERO DE AUSENCIAS
(1938-1941)
Lo llaman “pequeño mal” aunque ningún mal hacen salvo quizá el de esquivar al tiempo o perderlo entre ausencias ensimismadas. Que bien mirado sí que es algo sumamente pequeño. Sin llegar a tanto, reconozco cierta tendencia en mí a sufrir de ausencia ante ciertas vibraciones cromáticas o lumínicas de suficiente intensidad, de las que caracterizan a ese lenguaje abstracto del impresionismo visual que es la mirada emocional. De ahí si acaso se podría elucidar el origen de mi admiración por ciertos pintores. Como Monet.
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Todo esto viene o no a colación porque este domingo estuve de visita en un lugar aparentemente lleno de vida. Pero, a pesar de su belleza, me pareció que la vida estaba como ausente.
15 de enero de 2010
EL AÑO DE UN PASTOR LLAMADO MIGUEL

ANTES DEL ODIO
Beso soy, sombra con sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.
Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor!
No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.
Amor, tu bóveda arriba
y no abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.
Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.
Esperanza, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.
Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.
No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.
21 de agosto de 2009
LA MUERTE QUE NOS VIOLENTA
Periódicamente, con descarnado sentido del deber, parece que los medios de comunicación necesiten recordarnos lo cerca que vive la muerte. Aniversario, suceso inevitable, madre naturaleza, terrible coincidencia,… No importa cómo se llame la puerta de entrada, la razón que lo haga rentable, inevitable o conveniente, los que hemos nacido para vivir tenemos que sufrir el dolor de esta enfermedad inevitable que es la muerte de los demás, la muerte del ser querido o de aquel que al morir se revela como imprescindible para continuar viviendo.
La muerte siempre es actualidad y en algunas ocasiones como esta, más. Por eso, en su inevitable presencia, quiero rendir aquí un homenaje al dolor que causa, a esos sentimientos que parecen residir en algún lugar del corazón destinado solo para ella y aportar un bálsamo que alivie a la manera de las lágrimas, un poco de consuelo frente a tanta desesperanza.
ELEGÍA
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería).
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
10 de enero de 1936
Miguel Hernández
























