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5 de marzo de 2013

ARQUETIPOS


"Si las puertas de la percepción se depurasen, 
todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. 
Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo 
hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna."

William Blake 
Las bodas del cielo y el infierno (fragmento)








Con el cuchillo dulce
del silencio
la sílaba
apuñalas.
Sangras la voz.
Para que duela.












"Hay días en los que el paisaje desaparece y su ausencia convoca al recuerdo. Certidumbre de lo invisible, presentimiento del reencuentro. La niebla, así, parece querer jugar con lo intemporal de una realidad apenas verosímil, la emocional, y las coordenadas de una ausencia casi tangible, la inminente revelación. Experiencia de una conciencia oculta en todas las espaldas que me invade de un desasosiego al que no quiero mirar de frente, como a la misma muerte. Observo pues el presente con los ojos muy abiertos para guardar en la retina cada detalle a evocar y evito restar nitidez a esta mirada percibiendo lo oculto que muestra el temor. Pero no funciona. Contradicción tan frágil, confieso, marca mi vida."













"Evoco ahora haber mirado con amor los frágiles ojos de aquella a quien siempre quise más que a mí mismo y haber visto su mirada distraída y distante y cómo el universo se me revelaba inalcanzable e íntimo. No hay límites a la desbordante alegría que me provoca la nitidez de su presencia, ni consuelo a la frustración infinita del infinito espacio que nos separa. Emocionado, recuerdo haber recordado ya muchas veces aquella conciencia por grabar su imagen de entonces en mi memoria y la frustración de tantas otras ocasiones en las que intenté rescatarla de mis tinieblas. Así, todo cuanto me rodea parece estar sometido a un movimiento recíproco, órbitas indescifrables, donde mirada, memoria, pasado y realidad se confabulan para confundirme, evitando la inverosímil quietud que requieren mi espíritu y mi palabra. Presiento que quizá sea yo; o, mejor dicho, en mí."
















Ayer me arrancó
la tormenta unos
árboles que cantaban
melodías antiguas del
universo como eco
armonioso de un caos.
La sangre brotó de
la tierra para alimentar
los muertos sedientos de
vida porque la deja
a medias
…cuando el amor comenzaba.
Esa tormenta desatada
por los dioses oscurecía
mis sueños y no podía
seguir viendo desnudeces
de tu cuerpo iluminado
por los relámpagos.












(PD.: Algunos afectos me están ocupando todo en mi pequeño universo; cuanto hago, cuanto pienso, cuanto sueño o cuanto escribo. Apenas sin tiempo ahora, reparo en lo poco que correspondo al cariño desinteresado de cuantos aún me visitáis y animáis. Si fuera posible apelaría a un dios que reparase tanto desatino. Gracias afectuosas siempre.)





Dylan Fisher





Las fotografías son de Myoung Ho Lee







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