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7 de febrero de 2010

EL AGUA, ESE GRAN DESCONOCIDO

El agua está de moda, el agua y el frío. Lala lo constata. Observación especialmente evidente en este hemisferio norte en el que intentamos sobreponernos a un invierno tan cargado de inundaciones, nevadas y gélidos vientos. Yo mismo, sin ir más lejos, quedé atrapado en esta breve hibernación de una semana. Pido disculpas a quien haya podido inquietar por ello. A Esther especialmente. Gracias.


El caso ahora es que el agua, eso que principalmente somos, sigue siendo un importante motivo de atención para los investigadores. Aún parece guardar importantes secretos por descubrir.

Como todo escolar sabe, el agua se congela a 0 ° C. O quizá no. Se ha sabido durante siglos que el agua pura, en ausencia de cualquier superficie de nucleación, puede permanecer en estado líquido sobreenfriado a temperaturas tan bajas como -40 ° C. Ahora, investigadores de Israel han descubierto que el agua sobreenfriada puede alcanzar el estado de congelación a temperaturas diferentes, dependiendo de si se está en contacto con una superficie positiva o negativamente cargada.

Desde hace más de 150 años se ha sabido que los campos eléctricos pueden afectar el punto de congelación del agua sobreenfriada. Sin embargo, ha sido difícil estudiar el fenómeno en detalle por la dificultad de crear superficies capaces de promover la nucleación del agua en cualquier situación. Ahora, un equipo dirigido por Igor Lubomirsky en el Instituto Weizmann de Rehovot, ha ideado un bonito experimento en que la carga se puede crear en superficies aislantes para investigar los efectos eléctricos en el punto de congelación del agua.

Hay una serie de hipótesis para el efecto de los campos eléctricos sobre la congelación de agua sobreenfriada, Lubomirsky dice. "La creencia más común es que un campo eléctrico afecta a la orientación de las moléculas de agua, porque estos últimos son polares. No tenemos una prueba directa de ello. " Sin embargo, anteriormente no era conocido que las cargas positivas y negativas afectaban a los núcleos de manera diferente y esto, dice Lubomirsky, fue un hallazgo inesperado y el mecanismo sigue siendo un misterio. "Esto es exactamente lo que estamos tratando de entender ahora”.

Paul Connolly, que investiga la formación de cristales de hielo en las nubes en la Universidad de Manchester en el Reino Unido, dice que el nuevo trabajo ha descubierto lo que es ciertamente un fenómeno interesante. Connolly, añade que los resultados "pueden resultar útiles y aportar pistas para entender el mecanismo por el cual la formación de hielo podría ser mejorada en los cúmulos".


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